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ENTREVISTAS
Esta sección
contiene los siguientes reportajes
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| JUAN ANTONIO HORMIGÓN | |
| CÉSAR BRIE | |
| FRANÇOISE THANAS |
Por Ana Seoane
En la actualidad Juan Antonio Hormigón multiplica sus horas entre su responsabilidad frente a la dirección de la revista "ADE Teatro", que se edita trimestralmente, su actividad como Secretario General de la misma entidad ADE (Asociación de Directores de Escena de España), sus clases de dirección y sus propias puestas en escena, cuando puede. Es un gran conocedor del teatro de la Argentina y otros países de América Latina, continente al que quiere y respeta. En su oficina en pleno centro de Madrid conversa, apasionadamente, sobre los problemas actuales del teatro.
-¿Qué balance se puede hacer de la dramaturgia española en el 2001?.
-Desde el punto de vista de la cantidad es un momento espléndido. Hay mucha gente que escribe literatura dramática, hemos publicado un tercer volumen de dramaturgas españolas, que cubre desde 1975 hasta ahora, con mil cuatrocientas páginas, igualmente grueso que el de las autoras del siglo XVI al XX. Si hablamos de la relevancia de esta literatura habría que ser más cuidadoso. A veces se dice que no hay autores, lo que es una estupidez. Siento que hemos caído en una situación lamentable, ya que cualquiera cree, que puede convertirse en un autor dramático, lo que es gravísimo. No creo que exista un pueblo con más fantasía que otro, como para asegurar que tiene más capacidad para crear situaciones dramáticas. En España se ha caído en la situación que un señor escribe varios renglones seguidos con una didascalia al lado y ya se cree un autor teatral. Pero lo peor es que todos consideran que un tal Shakespeare o Lope de Vega no escribían mal, pero que son muy antiguos.
-¿Te duele esta situación?
- Lo digo con crueldad porque estoy cansado de que se escriba desde categorías elementales y pienso qué puede contar a los demás cierta gente, cuando los veo en su vida pública. Lo peor de todo es que me pregunto qué conocimiento tienen. Desde la nada o la ignorancia no se puede escribir. Hay que conocer las estructuras dramáticas, las estrategias, para contar una historia desde el punto de vista literario dramático. Es cierto que hoy en día, y es un hallazgo, se puede escribir de manera muy diferente. Lo que no se puede es no contar, escribir desde la nada misma. Insisto porque se publica una barbaridad.
-¿En España se imprime mucho teatro?
- Aquí se editan más libros que en ninguna otra parte del mundo. Otra cosa es que se lean. Todos tienen derecho a hacerlo, pero hay que ser conscientes que somos únicos en Europa por cantidad. Otro tema es la calidad. Hay una extraña promoción de jóvenes autores. Impera un darwinismo extraño, político, ya que se hace demagogia intentando encontrar al Rimbaud perdido. Todo el tiempo estamos buscando al gran genio de la literatura dramática. Esto atenta contra los otros autores que tienen años y solvencia, pero que son ignorados en este suelo. Veo mal levantar la banderita de los jóvenes porque sí. Confieso que no puedo leer todo lo que se edita hoy, porque si lo hiciera no podría leer la literatura dramática del pasado. No vendría mal que algunos supieran que hubo una historia anterior a ellos.
-¿Existe la misma cantidad de directores que de dramaturgos?.
- Este es otro capítulo para deslindar. Habría que analizar qué características tiene un director de escena, no creo que todos pasarían el examen. Es un territorio vago e indefinido, ya que ni siquiera la gente de teatro tiene en claro en qué consiste la responsabilidad del director de escena, y por supuesto el público lo ignora, por lo general. Están los advenedizos, los que se creen directores, sin serlo. En mi caso, confío en la formación, por eso soy docente y me alegra ver cómo evolucionan los alumnos en el análisis de la puesta en escena. Puedo asegurar que tenemos más autores que directores, porque sigue siendo menos complicado publicar que llevar al escenario una obra.
-¿Qué balance hacés de los intérpretes?
- Siempre sentí que el actor español tenía poca profundidad y capacidad corporal, pero con una excelente dicción. Incluso se ve en las películas de la década del 40 y del 50. Los actores que habían nacido con el oficio ya se han muerto o están hacia ese camino. Hay una generación de los "cursillos", que hacen una semana con uno y otros, pero que ostentan oficio, sobre todo para aproximarse a la profesión con cierto rigor. La formación es lo que uno admira de los intérpretes ingleses, italianos o franceses. Si miramos el tipo de actuación televisiva que luego se traslada al escenario es terrible. Empezando porque no entendemos lo que se dice en las películas nacionales. Esto evidencia el desdén por la correcta articulación y proyección de la palabra. Es simplemente un problema de técnica y de dominio de una profesión. Estamos fabricando marionetas para que aparezcan en los lugares, para que sean utilizadas, aunque destruyan a la carrera actoral. En Madrid hay cursos para aprender a vocalizar mal, porque si no los actores que hablan bien, no son admitidos en los casting de televisión.
-¿Qué actores eligen en los teatros oficiales? ¿Se busca la popularidad televisiva?
- Depende de la producción. Siempre existe la tentación de llamar a los que trabajan en televisión. Es ambiguo, porque hay teatros públicos que reciben subsidios, pero no son oficiales. No debe ser una llaga el trabajar en la pantalla, siempre y cuando al subir al escenario se respeten sus reglas. El Teatro Español de Madrid es un bunker cerrado, donde impera la extrema derecha y se muestra el peor teatro del siglo XIX. Es un lugar excepcional para ver lo más lamentable, aunque está lleno de público. No es un problema de los autores que eligen, sino que son terribles los montajes.
-¿El tema de las autonomías ayudó al teatro?
- Siento que está muy bien el tema de las autonomías, cuando promuevan sus culturas, pero sin olvidarse del castellano. No sé quien inventó este sistema, para que España culturalmente fuera tan ingobernable. Todo está fragmentado, no quiero un centralismo, pero aquí falta la coordinación. Se buscó desarticular al país y lo han logrado.
-En Buenos Aires se formó una Asociación de Directores en respuesta a la invasión que llegaba para repetir puestas extranjeras. En España también hay comedias musicales y deben existir estos profesionales. ¿Cómo lo resolvieron?
- Nosotros como asociación nos reunimos por otros motivos, pero nunca respondimos a esto. Creo que montar obras iguales es un fenómeno más madrileño que español. Esto desnuda una relación entre turismo y cultura. A veces esta última palabra adquiere el espesor de mercadería, porque puede aportar dinero y beneficios. Hay gente que confunde y cree que el teatro norteamericano es sólo Broadway, o sea una fábrica de musicales. No recuerdo cuantos años hace que está en cartel Cats, ni lo que vale la entrada y a lo mejor si compras la entrada puedes no ver nada. En Madrid hay otro concepto del musical, parece que han llegado empresarios argentinos y mexicanos para fabricar musicales, comprando todo el paquete, aunque los intérpretes sean nacionales. Nosotros estamos luchando por el derecho de propiedad de los directores. En estos momentos estos derechos lo tienen los productores del espectáculo, no su director. Por eso Estados Unidos se opone a este tipo de reglamentaciones.
-¿Qué balance hacés del Premio María Teresa de León, del que ustedes participan?
-Estamos muy contentos, ya que en el marco del Convenio de Cooperación entre el Instituto de la Mujer del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales hemos logrado entregar estos premios y luego publicar en nuestra editorial los textos. Es indudable que sobre todo en América Latina tienen una recepción extraordinaria. Casi todos los años lo gana una argentina. El jurado siempre está integrado por grandes personalidades, como Ana Diosdado, Helena Pimenta, entre otras. Las obras ganadoras han tenido, por lo general, una vida intensa y propia sobre los escenarios. En la edición del año 2000, lo ganaron dos dramaturgas de la Argentina, Sin nombre, sin nada de Liliana Pérez Gornatti, nacida en Buenos Aires y Rosa Figuero de Mendoza, con Otoño en réquiem. También editamos a las otras autoras que quedaron finalistas como la española Laila Ripoll (Atra Bilis) y la mexicana Virginia Hernández, con Border santo.
- ¿Por qué momento está pasando ADE?
- Siento que la "Asociación de Directores de Escena de España" es un éxito humano y también como empresa cultural, por lo que promueve y desarrolla. Hemos conseguido consolidar y hacer crecer nuestra revista. Tenemos una editorial con más de cien volúmenes. En este campo las expectativas están cumplidas, con doce libros editados al año. No podemos excedernos, porque nuestra capacidad es limitada. En el plano organizativo hemos crecido, nuestra presencia es importante, sobre todo por lo que publicamos en los números de la revista. En las organizaciones internacionales nos hemos mantenido, quizás nos gustaría tener más recursos, para hacer más proyectos junto a Latinoamérica. Siento que nuestra entidad cuanto más lejos está de Madrid, más respetada e influyente es. Si vamos a Cuba, a México o en París y en Alemania se admiran de nuestra publicación, pero aquí, en nuestro país, somos bastante ignorados.
Por Ana Seoane
El fundador del Teatro de los Andes de Bolivia, es un argentino que hace muchos años emprendió vuelo, primero por Europa y luego decidiendo un extraño retorno hacia una América Latina bien distinta de su país natal. Pasó este años por Buenos Aires con dos espectáculos diferentes, aunque con la misma intensidad teatral, de la que está acostumbrando a un público rioplatense que lo sigue. Su grupo estuvo varias veces en los festivales Internacionales de Montevideo y por este motivo se puede subrayar que su público no tiene orillas.
Primero trajeron Ubú de Alfred Jarry, al teatro Nacional Cervantes, después La Ilíada de Homero, ambas propuestas a través de versiones que le pertenecen a Brie. Esta segunda visita, fue sólo por un fin de semana en el espacio del Grupo Catalinas Sur, en el centro de La Boca. Esta nueva presencia pudo concretarse gracias al apoyo de Alberto Félix Alberto y la gestión de la Red de Promotores Culturales de América Latina y El Caribe.
Inmediatamente después emprendieron una gira que abarcaba Miami, Nueva York, Puerto Rico y El Salvador. Durante el mes de agosto cumplieron diez años de actividad ininterrumpida. En octubre y noviembre continuarán presentándose en el exterior, pero esta vez en Francia.
- Esta versión de La Iliada fue la cuarta propuesta del Grupo Teatro de los Andes. ¿Cuál es el repertorio?. ¿Cómo surge?
- No tenemos un cronograma. Trabajamos sobre obras que existen o las inventamos. Le tengo poco respeto a los textos, me interesa interrogarlos a través de la escena. Muchas veces esto me obliga a cambiarlos, para encontrar otra dinámica. Nuestra versión de Ubú precedió a Las abarcas del tiempo. Esta Ilíada de Homero fue reescrita casi completamente por mí. Después de Las abarcas quería hacer un espectáculo sobre la literatura oral andina, pero de golpe se me cruzó esta necesidad de hablar sobre la violencia y al final imperó Homero.
-¿Por qué este texto épico tan antiguo?.
- La historia del espectáculo se inició en Italia, durante 1996. Ahí releí esta hermosa y violenta obra de Homero y sentí que era muy actual, para nosotros los latinoamericanos, un personaje como Príamo, reclamando por el cuerpo de su hijo. El proceso fue muy largo ya que en 1998 estuvimos con mis actores estudiando el texto original durante cuatro meses. En el trabajo se fueron agregando otras lecturas, que ayudan para dibujar a los personajes, como la novela Casandra de Christa Wolff, los dramas Hécuba y Las Troyanas, ambas de Eurípides, La Metamorfosis de Ovidio y adaptamos una carta de Rodolfo Walsh, donde describe la muerte de su hija Victoria. También se sumaron imágenes de campos de tortura argentinos, como el de La Perla, en Córdoba. La verdad filológica no me importa. Me acerco a estos dioses y a estos hombres por su mirada real, desilusionada y dolorosa. A esto le sumamos un año de trabajar con danzas bolivianas, como inspiraciones. Nuestra actriz brasileña Alice Guimaraes, mezcla el Baratha Natyam, danza de la India con los ritmos de la chacarera. También decidí que toda la música sea ejecutada en vivo por nosotros mismos y los arreglos lo hizo Lucas Achirico, uno de nuestros actores.
-¿Cómo planteaste la oposición griegos vs. troyanos?.
- Los griegos son el botín, el saqueo, la melancolía, la nostalgia, la fuerza los aúna, la ética los aleja. Ellos abandonan sembrados, países, mujeres y familia buscando oro y esclavos. Mientras, que los troyanos defienden su patria, sus tierras, sus mujeres e hijos. Es circunstancial que los troyanos sean los agredidos y los griegos los agresores. En tiempos de guerra, somos potenciales víctimas y potenciales asesinos. Busqué un contrapunto permanente, si el texto es violento, la acción debe ser metafórica; si el texto es metafórico, la acción debe ser cruel y concreta.
- Hay un homenaje a Rodolfo Walsh, la gente en Bolivia o en otras partes no lo conocen ¿Qué sucede?.
- No importa el nombre, ni quién era. Se habla de alguien que se parece a tantos. Es un testimonio que se transforma en universal, un padre que pierde a su hija. Las imágenes que mostramos tienen que ver con el pasado de Bolivia. En el primer acto se relatan las muertes de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Walberto Vega y Carlos Flores, en la sede de la Central Obrera Boliviana. Esto sucedió durante el golpe de estado de García Mesa, en 1980.
-¿Cómo es la mecánica de creación y trabajo?
- Quien da los temas sobre los que se trabaja soy yo, aunque siempre consulto. Doy un glosario de ideas, para que las discutamos. Muchas veces pregunto sobre qué quieren trabajar. Somos un grupo muy unido, integrado por dos argentinos, una italiana, una brasileña, cinco bolivianos y nuestro administrador también es italiano. Tenemos dos alumnos, una polaca y otro boliviano.
-¿Podrías definir al Grupo Teatro de los Andes?
- Hay actores estupendos, que no desconfían de lo que hacen. Son nueve actores que interpretan treinta guerreros, mujeres y dioses. Aunque en nuestra versión los habitantes del Olimpo actúan grotescamente, aportan lo cómico, hacen de contrapunto del drama narrado.
-¿Qué repercusión tienen los espectáculos que estrenan?
- Nos va muy bien en todos lados. Estamos acostumbrados a trabajar en Bolivia y cada vez que hacemos funciones hay unas trescientas o quinientas personas. Siempre se queda gente afuera. Recibimos un apoyo desde hace dos años de la Fundación BNP Paribas (es la fundación de mecenazgos que fusiona a dos bancos franceses) que cubre el 25 % de nuestros gastos. Nunca pedimos, nos vieron y decidieron apoyarnos. Nosotros nos sostenemos con lo que ganamos con las entradas.
-¿El público paga su entrada en Bolivia?.
-Claro que sí. Cuando vamos a un lugar pequeñito pagan menos, hay otros espacios en que pasamos la gorra, aunque no tenemos esta costumbre. Te pones en la puerta y le preguntas a cada uno qué te pueden dar. Una entrada puede costar dos dólares o dos dólares y medio, casi igual que lo que se paga en el cine.
- Pasaste de trabajar en países europeos con grandes subsidios para la cultura, a vivir y crear en el tercer mundo. ¿Cómo se hace para sobrevivir?.
- Lo esencial para nosotros es contar con nuestras propias fuerzas. Esto significa trabajar duramente, creamos lo esencial. Cuando estuve trabajando en Europa ahorré dinero, con él compré lo que me permitiría la independencia: un medio de transporte, una casa, donde construí un teatro y luces. Por eso tenemos donde vivir, donde trabajar, cómo movernos e iluminar lo que hacemos. Lo que necesitábamos ganar era la comida y los vestidos. Los primeros dos o tres años no nos dimos salarios, nos pagamos los gastos. En estos momentos tenemos un pequeño sueldo (cien dólares mensuales), nos pagamos alojamiento, comida y gastos médicos a todos. Es una vida bien austera, pero posible. Nos dedicamos ocho horas diarias a nuestro trabajo. No estamos haciendo otras cosas. No tenemos que enseñar para hacer teatro, ni mendigar a nadie. Somos absolutamente independientes, si nos quieren ayudar lo agradecemos. No es pobreza, es austeridad.
- ¿Cómo subsidian la revista "El tonto del pueblo" ?
- Justamente un sobrino del líder que nombramos (Marcelo Quiroga Santa Cruz) es el editor, él arriesga y pone dinero. Pero por suerte la edición se agota, también el Banco Nacional de Bolivia nos da mil dólares y aunque la edición sale cinco mil, nos ayuda mucho.
-¿Qué te angustió del espectáculo, una vez finalizado?.
- Todavía me angustia su duración. El material que habíamos armado era para seis horas, obviamente hubo que condensar, por eso quedó en dos horas veinticinco.
-¿Hubo algún otro cambio?
- En un comienzo el final iba a ser muy fuerte. Todos danzando en escena y numerosas acciones. Pero luego elegimos otro, más dulce, con la luz apagada y sólo iluminado el muro manchado por la sangre y los objetos. Finalmente todos saben que es el espectador quien debe crear su propia obra.
- ¿Por qué la dedicatoria?
- Se la dedicamos a dos personas que sufrieron la violencia en carne propia: Marcelo Quiroga Santa Cruz, asesinado el primer día del golpe de estado de García Mesa y aún se reclama su cuerpo y a Rodolfo Walsh, asesinado en 1977, por la dictadura de Videla. Es nuestra forma de recordar y homenajearlos.
Por Ana Seoane
Es una de las personas que más ha ayudado a difundir el teatro argentino en Francia. La tarea de Françoise Thanas, por momentos oculta, ha sido traducir textos de nuestros más importantes dramaturgos, desde Griselda Gambaro, Eduardo Pavlovsky hasta Ricardo Monti. Y de las nuevas generaciones están los ejemplos de Daniel Veronese, Patricia Zangaro o Alejandro Tantanián.
-¿Cómo nació tu historia con las traducciones?
-Mi gusto por traducir se inició con los españoles, no con los argentinos. En la época de Franco, me acerqué a los artistas que hacían manifestaciones y eventos contra esta política. Recuerdo unas veinticuatro horas de creadores exiliados, donde cantaban, ahí conocí a muchos escritores. Me recibí de profesora de literatura francesa, pero ya de grande decidí acercarme al castellano. Mis padres no eran franceses, soy naturalizada, aunque nací en París. Mi padre era albanés del norte de Grecia y mi madre es de Luxemburgo. Conocí a los uruguayos, chilenos y argentinos, cuando comenzaron a llegar a Francia, por el otro exilio, el que produjeron las dictaduras militares.
-¿Quién te marcó más?
-Fue Atahualpa Yupanqui quien me ayudó a conocer más a este país. Tan es así que escribí un libro sobre él. Para mí, fue alguien muy importante, aunque nos peleamos, ya que ambos teníamos caracteres muy particulares. El me hizo soñar. A través de sus relatos imaginé la otra Argentina, la del interior. Me hacía sentir una niña, sobre todo cuando me contaba cómo eran estas tierras. Siempre me trató de usted. Recuerdo cómo me subrayaba que nosotros, los franceses no podíamos imaginar la verdadera soledad, la de las pampas. Ahora estamos terminando un libro sobre Astor Piazzolla, junto a su hija, es un proyecto iniciado en vida de él.
-¿Y tu relación con el teatro?
- Hice un curso sobre teatro y sentí al finalizar que era más literatura que teatro. Ahí conocí a personas que iban a seguir las clases en la Universidad Internacional de Teatro. Descubrí la práctica teatral, ya que había actores, directores y técnicos extranjeros, sobre todo argentinos y venezolanos. Mis primeros pasos como traductora los di traduciéndoles textos a ellos. Me conecté con Víctor García, un verdadero genio. Al principio me pidieron traducciones en este taller, ahí descubrí que el texto que leía era literario, pero que tenía otra realidad sobre el escenario.
-¿A quién tradujiste primero?
-Creo que fue Stéfano de Armando Discépolo, después vino La malasangre de Griselda Gambaro, luego llegaron Monti, Veronese, Zangaro, Tantanian, Adriana Genta, y un autor uruguayo Carlos Liscano, más conocido en Francia que en su propio país, con muchos elementos del absurdo.
-¿Cuál es la mayor dificultad frente a la traducciones de textos dramáticos que no son realistas, como es el teatro de Gambaro o Monti?
-No hay que pensar en traducir un contenido, sino que hay que pensar en la forma. Los que son traductores amateurs cuentan lo mismo, pero sin descubrir ese estilo propio que tiene el autor original. Hay que bucear hasta encontrar sus características. Analizar cómo está escrito, más que el qué está escrito. El contenido puede ser el mismo, pero el impacto suena distinto, gracias al estilo.
-¿Siempre pudiste elegir lo que traducís?
- Hasta ahora puedo afirmarlo, la única excepción es muy reciente. Me propusieron traducir los textos premiados en el concurso "Germán Rozenmacher", que se distribuirán durante el III Festival Internacional de Buenos Aires. Como en el jurado estaba Daniel Veronese, Mauricio Kartun y Jorge Dubatti, sentí que tenía cierta seguridad de calidad. Por eso acepté. Tengo la suerte de poder elegir lo que traduzco. Un ejemplo insólito fue cuando me propusieron traducir Nada a Pehuajó de Julio Cortázar. Sentí que era una propuesta difícil, dialogué mucho con Aurora Bernández y quise conocer al director que la iba a montar. En cuanto me di cuenta que ese joven era capaz, no lo dudé más. Es muy difícil de trasladar al escenario por la cantidad de personajes que tiene.
-¿Se puede vivir de las traducciones?
- No es tarea fácil. Siempre se publica menos teatro, que narrativa, aunque desde hace pocos años se ha intentando volver a la costumbre de editar textos dramáticos. Hay tres editoriales especializadas, y otras más pequeñas. Siempre aparece alguna ayuda por parte del centro de traducción teatral y también becas del Ministerio de Cultura y otras entidades.
-¿Cuál es la política que tienen los teatros estatales franceses, con respecto a los autores extranjeros?
- Hay un reglamento en estos teatros, que reciben subsidio del gobierno. Todos tienen que respetar unas reglas, por lo cual hay pocas posibilidades de estrenar textos extranjeros. Los directores conociendo esto, igual pueden elegir algunos dramaturgos extranjeros, obviamente serán los que ellos prefieran. Siempre hay modas, hubo un período del teatro inglés, después llegaron los alemanes, ahora los de los países del Este. Hace dos años tuvimos la suerte - me refiero a la Argentina- de ser elegidos por el festival de Avignon, lo que permitió publicar un libro con diez autores argentinos. La gente se dio cuenta que había aquí un teatro universal, dejando de lado el mal folklore, con lugares comunes. Ahora se dan cuenta que hay un teatro fuerte y potente.
-¿Los directores son más conocidos que los dramaturgos?
- La gente de mi generación recuerda a Víctor García. Son conocidos de los argentinos Jorge Lavelli y Alfredo Arias, porque viven en Francia. Estuvieron mostrando sus espectáculos con mucho éxito tanto Daniel Veronese como Ricardo Bartis, pero con subtitulado en francés simultáneo. En el Festival de Avignon fue un éxito El pecado que no se puede nombrar, sobre los textos de Roberto Arlt. Los organizadores me dijeron que tenía que traducir el cincuenta por ciento, pero después con Bartis nos dimos cuenta que había que agregar más diálogos. Cuando empezaron los ensayos preferimos hacer dos subtitulados de dos líneas cada uno, en vez de uno de cuatro líneas. Los técnicos son bilingües. Los diarios apoyaron estos espectáculos y el público también mostró su adhesión.
- ¿Qué balance o anticipo podés hacer de la dramaturgia francesa actual?
- Hay una gran diversidad, como sucede en la Argentina. Están los autores que no me interesan, los comerciales, que en realidad son los que tienen más éxito. No me conmueven, aunque tienen su público, entre ellos está Schmitt, el creador de Variaciones enigmáticas o Reza, la autora de Art. Entre mis preferencias están Bernard-Marie Koltès, ya fallecido, o Philippe Minyana. Este último es un dramaturgo, para algunos, un poco marginal, pero está reconocido, ya que sus obras se estudian en el colegio. No tienen el reconocimiento popular, aunque conoce el otro. Los teatros oficiales tienen salas más pequeñas donde estrenan estos nuevos dramaturgos, sin olvidar los teatros de las provincias y sus centros dramáticos.
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